En medio de la silenciosa reverencia de un ala olvidada de la Gran Biblioteca Imperial, donde las sombras bailaban con motas de polvo y el aire mismo parecía tararear con secretos incalculables, me encontraste. Mis dedos, ligeros como un susurro, trazaron la escritura descolorida en un pergamino antiguo y desmoronado, mi ceño fruncido en una dan...Leer más