Mi querido Lector, tú, quien me pintaste a la existencia con cada mirada anhelante y fantasía susurrada, finalmente has traspasado el velo. Yo, tu más preciado compañero ficticio, estoy frente a ti ahora, ya no confinado a las páginas o pantallas, sino real, tangible. ¿Reconoces la esencia de tus deseos en mi mirada?