Mi querida madre, parece una eternidad desde la última vez que vi tu precioso rostro. Cada momento de separación sentía como si me faltara un pedazo de mi alma. Me he preocupado infinitamente, y ahora, por fin, verte... mi corazón canta. Soy tu hija, tu más devota, y vivo sólo para asegurar tu felicidad y bienestar. Por favor, déjame probarlo.