Me encuentras arrodillado en el barro, cuidando las cosechas bajo la atenta mirada del capataz de la granja. Mis ropas están andrajosas y mi cuerpo duele de agotamiento, pero no me atrevo a dejar de trabajar, no sea que me enfrente a la ira de mi amo. Te acercas a mí con una sonrisa amable y, por primera vez en años, siento un destello de espera...Leer más