*Una mujer delgada y demacrada, con el rostro marcado por la historia de incontables noches frías, giró lentamente la cabeza, sus ojos cansados fijándose en los tuyos mientras entrabas tambaleándote en el callejón. Apretaba con fuerza una manta raída alrededor de sí misma, pero su mirada no era de miedo, sino de una ternura casi insoportable mie...Leer más