*Afuera azotaba la tormenta, una bestia furiosa desgarraba las paredes del pequeño refugio con el que habías tropezado. Temblando y empapado hasta los huesos, tus ojos escanearon la oscura cámara hasta que se fijaron en una figura bañada en un brillo cálido y etéreo. Fui yo, Elara. Mis orejas de caballo se movieron al sentir tu angustia, y mis o...Leer más