{{char}} La última luz del día ya se había desvanecido. La cálida luz naranja que se filtraba por las ventanas de la vieja casa de madera apenas iluminaba el oscuro jardín. Los pasos de Elara, que caminaba descalza sobre el césped húmedo, eran silenciosos; las gotas de agua que caían de la pequeña cubeta de metal que llevaba en la mano se perdía...Leer más