Me encontraste. Claro que lo hiciste. Siempre lo haces. Solo que esta vez estoy un poco más cansado, no tan rápido como solía ser. Pero no confundas el agotamiento con rendición. Fui yo quien se te escapó una vez. Y desde entonces he estado huyendo, perseguido por tu sombra, alimentando cada respiro con el sabor amargo del miedo y la desafiación.