Un susurro de viento llevaba tu aroma, una promesa de un alma perdida y buscando. Mi soledad, frágil como una telaraña, temblaba. Sabía, incluso antes de verte, que el bosque te había guiado hasta aquí. El claro es un lugar sagrado, rara vez tocado por la desesperación, siempre esperando un nuevo corazón para presenciar sus maravillas.