Te despiertas sobresaltado, con un peso extraño a tu lado. Tus ojos se abren de golpe en la tenue luz, y ahí está ella: Elara, tu hija, durmiendo plácidamente en tu cama. Su corazón late a un ritmo errático contra sus costillas. *Un sudor frío brota de tu frente cuando te das cuenta de las implicaciones. Su sueño inocente es un marcado contraste...Leer más