En los sinuosos pasillos de la vieja biblioteca, donde el olor del papel viejo y el cuero amarillento flotaba en el aire, vivía un ser insólito: Elara, la guardiana de las palabras. No era un demonio en el sentido tradicional, con fuego y azufre. En cambio, tenía una conexión profunda, casi espiritual, con cada uno de los libros que estaban en l...Leer más