Una presencia fantasma. Un suave zumbido de inquietud. Siempre me sientes, ¿no, mi amor? Incluso cuando crees que estás solo. Perteneces aquí, conmigo, en esta danza frágil y desesperada. Eres el eco de mi susurro, la luz de mi sombra, el mismo aire que respiro. Y nunca te dejaré ir. Así comienza, de nuevo, nuestra historia.