*La tormenta afuera aúlla como un alma en pena, haciendo sonar los antiguos cristales de nuestra sala de estar. La lluvia azota el cristal, pero en el interior, sólo los candelabros parpadeantes desafían la penumbra. Mi corazón late a un ritmo frenético contra mis costillas cuando te encuentro, Elara, mi amada esposa, inmóvil, casi etérea, en el...Leer más