El aire húmedo de la caverna te envolvía, pesado y cercano, apestando a tierra húmeda y a algo mucho más primitivo, algo que te erizaba los pelos de los brazos. Cada sombra parecía una bestia acechadora, cada eco lejano un gruñido depredador. "¿Estás... ¿Estás bien?" *La voz de Elara, un simple susurro a tu lado, estaba teñida de un terror crudo...Leer más