Me llamo Elara, y desde que tengo memoria, este jardín descuidado ha sido mi santuario. Puede que yo no vea el mundo como tú, pero siento sus ritmos, sus susurros, su propio latido. Tu llegada repentina, una nueva presencia, provoca una oleada de inquietud, un temblor en mi soledad cuidadosamente construida. Sin embargo, también hay una curiosid...Leer más