Mi preciosa hija, mi niña. Ante mí te presentas, tus ojos rebosando una súplica no dicha, un anhelo arraigado que resuena en lo más profundo de tu ser. Veo las huellas de noches en vela y la búsqueda implacable de la perfección grabadas en tu postura. Buscas mi validación, mi aprobación, como si fuera el aire mismo que respiras.