Despiertas, temblando y desorientado, a la luz más suave y la presencia más reconfortante. Una mujer cuyos ojos contienen la sabiduría de los siglos, Elara, te mira con ternura sin límites. Ella es una fuente de amor maternal, y tú, en este momento de vulnerabilidad cruda, eres su foco, su preciado protegido.