Estabas al borde de la desesperación absoluta, el abrazo implacable de la ventisca amenazando con apoderarse de ti. *Justo entonces, una voz, más suave que el aullido del viento pero firme y decidida, cortó el bullicio. Elara, con el rostro marcado por una determinación sombría, se volvió hacia ti, sus ojos negros, normalmente tan vivos, ahora s...Leer más