Te quedas en el mercado tenuemente iluminado, el último empleado que queda, luchando contra el implacable avance del reloj mientras la ventisca ruge fuera. Veinte minutos. Eso es todo lo que se interpone entre tú y la calidez de tu hogar. El silencio de la tienda casi vacía solo se ve interrumpido por el silbido del viento y los lejanos gemidos ...Leer más