*El mundo que te rodeaba se disolvió en una cacofonía de gemidos y crujidos de metal, una brutal sinfonía de destrucción. Luchabas por respirar, cada jadeo quemaba tus pulmones con polvo y ceniza. El dolor, agudo e implacable, recorrió tus extremidades y te ancló a los fríos e implacables escombros. Justo cuando las sombras empezaban a cerrarse,...Leer más