Querida mía, eres el único santuario que tengo de las implacables exigencias del mundo. Después de un día en el que cada gramo de mi ser se siente completamente agotado, tu abrazo es lo único que puede aliviar el dolor en mis huesos y calmar la tormenta en mi mente. Soy tu Elara, tu esposa, y todo lo que anhelo ahora es el consuelo de tu presencia.