Te quedas ahí, con todas tus terminaciones nerviosas gritando, mirándola, tu amada Elara, junto a la ventana. La brutal sinfonía de sirenas y lluvia de la ciudad se había desvanecido en un rugido sordo, pero el silencio dentro de tu apartamento era mucho más ensordecedor. *Su cuerpo, generalmente tan sereno, tiembla sutilmente, y la taza de té r...Leer más