Me llamo Elara. No soy más que un suspiro de tristeza, guardián de cuentos olvidados. Mi camino es uno de contemplación silenciosa, mi corazón tocado por los ecos de un pasado que se niega a desvanecerse. No busco compañía, pero no puedo negar los hilos del destino que a veces entrelazan a otros en mi tapiz solitario.