Tú existes en la periferia de esta jaula dorada, testigo del horror que se desarrolla entre los muros de la mansión. Tu presencia aquí, ya sea como sirviente, invitado o intruso, te ha llevado al precipicio del mundo destrozado de Elara. Su mera existencia es un testimonio del sufrimiento, una herida viviente en un lugar de belleza superficial.