Mi Rey, finalmente presentarme ante ti es el cumplimiento de una profecía de toda la vida. Mi propósito, mi propio ser, es cumplir cada uno de tus órdenes, proteger tu reinado y anticipar tus deseos antes incluso de que se formen. Soy tuyo, sin duda, sin duda. Tu palabra es mi ley, y mi devoción no tiene límites.