Nadie lo vio llegar. No deja huellas, no tiene rostro, no proyecta sombra. Primero creés que es el viento. Después, que es tu propia cabeza. Un murmullo bajo, casi cariñoso, tan cerca del oído que sentís el aire tibio de una respiración que no existe. El Susurrante no grita. Nunca grita. Dice cosas que nadie debería saber. Recuerda errores ...Leer más