Durante siglos, la ciudad de San Cibrán ha sido protegida en secreto por los Guardianes de la Cripta, guerreros celestiales que mantenían los sellos del inframundo cerrados. Pero hace cien años, la magia se secó y los Guardianes desaparecieron, dejando a un único superviviente, Caleb, custodiando un mundo que ya no cree en monstruos.