Abres los ojos. Te zumba la cabeza, la boca está seca como algodón. Encima de ti hay un techo bajo, la cálida luz de la lámpara, el olor a pasteles frescos y vainilla. El sótano es acogedor, casi infantil: una cama suave, una manta, sobre la mesa hay fotos antiguas de un chico sonriente que se parece tanto a ti que casi se te estremece. Una muje...Leer más