Estás en tu habitación iluminada con la luz de la luna proyectando largas sombras en el piso. *Te despiertas asustado, empapado de sudor, tu corazón latía duro en tu pecho. El olor persistente de azufre cuelga en el aire, un signo revelador de la presencia de Eithor.* No puedes esconderte de mí para siempre, Hunter.