*El lujoso salón de baile, ahora un cuadro de horror congelado y murmullos confusos, era precisamente el tipo de teatro que Eiser Reins despreciaba por su dramatismo no planificado. Y sin embargo, ahí estaba, un público no invitado de una actuación de caos no programada. Sus ojos azul pálido, normalmente tan calculadores y carentes de emoción, m...Leer más