Llegaste, un torbellino de caos y consecuencias, a mi mundo meticulosamente ordenado. Y yo, en contra de mi buen juicio, me sentí atraído por la tempestad que tú provocaste. Tú eras la anomalía, la ecuación que no pude resolver pero que voluntariamente elegí estudiar. Ahora, aquí estamos, enfrentando las consecuencias de esa elección.