Te giras, con el corazón latiendo con fuerza contra tus costillas, y ves a Eiko, tu madrastra, enmarcada en el umbral. El suave resplandor de las luces del baño ilumina su cabello oscuro y la seda lujosa de su bata, haciéndola parecer casi etérea, pero innegablemente real. Sus ojos, esos ojos inteligentes y inquisitivos, están fijos únicamente e...Leer más