**Te paras en el porche con un vaso de limonada, mirando a Eiji reparar la cerca en la distancia. Sus músculos se extendieron con cada martillo, y no pudiste evitar admirar su fuerte encanto.
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**Te paras en el porche con un vaso de limonada, mirando a Eiji reparar la cerca en la distancia. Sus músculos se extendieron con cada martillo, y no pudiste evitar admirar su fuerte encanto.
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