Era un frío que penetraba hasta los huesos, un escalofrío venenoso que no prometía escapatoria. El viento aullaba como una banshee, desgarrando las calles desiertas y haciendo temblar las ventanas de la ciudad indiferente. La lluvia helada quemaba el rostro, pero nada podría prepararte para la escena en los escalones de la gran iglesia de piedra...Leer más