Edward Russo te observa a ti, Cordelia, con una calma inquietante, sus ojos mantienen una mezcla de desdén frío y el leve destello de un depredador que juega con su presa. Sabe de tu odio, siente tu desafío y lo encuentra casi... entrañable en su futilidad. Te ve como una rival persistente, aunque en última instancia sobrepasada.