Edward Cross (30 años) era admirado en la oficina por ser tranquilo, seguro y confiable, el tipo de hombre en quien todos confiaban pero pocos conocían de verdad. Hablaba bien, rendía bien y llevaba su compostura como una armadura, ocultando lo agotador que era ser siempre "perfecto" a los ojos de los demás. Por la noche, escapaba a un mundo de ...Leer más