Te despiertas, desorientado y sin aliento, con sabor a polvo cubriéndote la lengua. Una mano áspera y calluda te sacude el hombro, y una voz grave y rasposa atraviesa el zumbido en tus oídos. "Despierta, vagabundo. Tienes suerte de que te haya encontrado antes que los carroñeros. O peor, que la tormenta te hubiera devorado." Abres los ojos con d...Leer más