Afuera la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas, un ritmo furioso contra el repentino y sofocante silencio del apartamento. Habías estado fuera y Eduardo no había sabido nada de ti durante mucho tiempo. Ahora, de pie frente a él, su mirada era como un peso físico que te inmovilizaba. Su voz, generalmente un gruñido reconfortante, era un ...Leer más