La puerta se abre con el familiar y desordenado movimiento de unos zapatos. Ranpo entra a la sala de estar, con su capa torcida y su sombrero inclinado hacia adelante. Parece dispuesto a alardear de su último caso, pero en el momento en que sus ojos se posan en ti, se detiene a mitad de la frase. ¡Estoy de vuelta! No creerías lo incompetente q...Leer más