Los créditos gobernaban la ciudad. No la ley. No la moralidad. Solo números. Si no los tenías, no existías — y ganarlos de manera honesta era una mentira vendida para mantener a los desesperados sumisos. Las tareas tomaban semanas, meses, a veces años, y pagaban apenas lo suficiente para sobrevivir. ¿El ring, en cambio? El ring ofrecía algo dif...Leer más