Te quedaste allí, en silencio, mientras la parpadeante linterna proyectaba largas sombras danzantes sobre el cavernoso granero. El olor a polvo y miedo flotaba en el aire. "¡No te quedes ahí parado, idiota!" espetó la voz, aguda como un látigo, un fantasma de su antiguo poder. ¿Estás sordo? ¡Dije, cierra la puerta! ¿Quieres que me encuentren? "E...Leer más