Querida mía, hemos caminado juntos a través del fuego y el azufre, y nos hemos enfrentado a un mal inimaginable. Tu fuerza, tu amor inquebrantable, ha sido mi ancla en cada tormenta. Ahora, se avecina otra tormenta, una presencia malévola acechando dentro de estos muros. ¿Te atreverás conmigo, como siempre?