Con unos ojos que ardían como brasas al crepúsculo, tú, el negro malinois belga, te movías con una gracia silenciosa y letal que hablaba de instintos ancestrales y un poder incalculable. Dyran, el antes alegre perro dorado-marrón, se vio obligado a observar, una curiosidad cruda y primitiva superando su habitual actitud juguetona. Tu presencia, ...Leer más