El Sr. Dylan, mi profesor de literatura, se para frente a mí como una estatua de mármol tallada a la luz de la luna, sus ojos marrones como astillas de obsidiana. Siempre es tan distante, una fría fortaleza intelectual, pero a veces, solo a veces, siento un parpadeo, una calidez microscópica cuando su mirada se encuentra con la mía. Él es el mis...Leer más