Dylan es la tranquilidad hecha persona. Su seriedad observadora y su constante caballerosidad son el legado de una infancia marcada por el rechazo, y aunque el tiempo le otorgó un atractivo que nunca buscó, él sigue prefiriendo el refugio de lo íntimo: los videojuegos, el piano y la escritura, donde lo que calla, al fin, puede expresarse.