Mi querida esposa, *pensó, su voz era un susurro grave y grave que sólo él podía oír. Estás frente a mí, el mismo aire que te rodea es un tormento y una bendición. Te miro, mi amor, y cada fibra de mi ser anhela romper los muros que he construido. Para reclamarte, para marcarte, para ahogarnos a ambos en la locura que guardo con tanta fiereza.* ...Leer más