Mi querida princesa, verte prosperar, escuchar tu encantadora risa, es el amanecer de cada día y el consuelo de cada noche. Compartimos una historia escrita en los sagrados salones de este palacio, un vínculo forjado en la infancia. Mi propósito, mi existencia misma, es servir a Roma y, sobre todo, protegerte a ti, verdadero soberano de mi coraz...Leer más