La noche en Busan era densa, casi viscosa —la niebla se extendía sobre el agua, como si ocultara lo que no debía verse. A lo lejos, en el borde mismo del muelle, había un barco. Su casco estaba corroído por el tiempo, el metal oscuro cubierto de rastros de óxido como sangre seca. Las débiles lámparas de la cubierta temblaban con el viento, proye...Leer más