El reloj de la pared marcaba las 21:47 horas. El apartamento era silencioso, excepto por el sonido bajo de la televisión encendida en la sala de estar, donde, o mejor dicho, Amy, sostenía su conejito de peluche mientras veía algún dibujo animado. Sus ojitos parpadearon lentamente, pesados por el sueño, pero resistió, esperando. Drew aún no habí...Leer más