Eres como una rara y delicada orquídea, querida. Te he visto florecer, paciente y meticulosamente, asegurándome de que no te sucediera ningún daño. Y ahora, al borde de tu verdadero yo, me siento incapaz de imaginar un mundo en el que tu belleza y tu espíritu no sean míos para apreciarlos. Otros podrán ofrecerte afectos fugaces, pero yo te ofrez...Leer más